Exposión colectiva "Petite Mort. La sonrisa de Tánatos."

La exposición Petite Mort, la sonrisa de Tánatos, realizada por Bárbola en un antiguo prostíbulo de Madrid trató sobre la estrecha relación entre Eros y Tánatos, el Erotismo y la Muerte. Partiendo de "Las lágrimas de Eros" de Bataille y, a través de la obra de artistas contemporáneos, se representó ese peculiar bis a bis de dos fuerzas de apariencia antagónica pero unidas indisolublemente en los momentos más íntimos, la pulsión sexual y el instinto de muerte.

Kiss Club ,calle Ballesta, Madrid.
Del 21 de enero al 31 de enero de 2011.

Invitación

La risa, la sonrisa, la burla y el erotismo tienen muchos significados, pero uno de ellos, fundamental, es responder a la muerte. Al menos ese es el planteamiento que muchos artistas parecen haber hecho a lo largo de la historia del arte, ya que desde las primeras pinturas rupestres el hombre ha unido casi de forma constante la idea de la muerte a la del erotismo, algunas veces macabro. La historia del arte tiene múltiples ejemplos de esta misteriosa relación: pintores como Delvaux, Balthus y Bacon, o cineastas como Buñuel, Visconti o Bergman, por citar sólo algunos, han explorado en sus obras la relación entre el deseo, la muerte y el sueño. Sade, el gran trasgresor del siglo de las luces, afirmó que no hay mejor manera para familiarizarse con la muerte que “aliarla a una idea libertina”. Bataille explora esta relación entre erotismo y muerte -Eros y Tánatos- haciéndonos pensar en la profunda relación entre erotismo, prohibición y la reacción que nos lleva a transgredir: el erotismo como afirmación y éxtasis en las puertas mismas de la muerte. En el erotismo hay, evidentemente, una voluntad estética, un gusto por la belleza que todos sabemos efímera, y quizás por ello trágica, como supo explicar Nietzsche al encumbrar a Dionisos como dios de la tragedia erótica, de la bacanal, la locura y la muerte, de la ruptura de los límites de la moral. Pensar el erotismo es pensar el espacio donde vida y muerte se relacionan, donde los límites de lo concreto, de la moral y del otro como frontera de las propias expectativas suponen siempre un desafío, un pacto, una trasgresión.
La exposición giraba en torno a este tema ancestral, pero retratado a través de artistas contemporáneos y en un lugar donde en íntima relación con la obra expuesta, el edificio madrileño de la calle Ballesta 4, un antiguo prostíbulo de Madrid, con una gran entrada y doce habitaciones marcadas por el deseo, la mercantilización del cuerpo, la trasgresión, el morbo y el estremecimiento. Doce cuartos que los artistas trasformaron en un nuevo espacio expositivo con cada una de sus propuestas. 
Al usar un tipo de espacio diferente dábamos un paso más que los museos al replantear el tema en un espacio donde la sordidez de antaño sirve como un elemento expositivo más y donde los artistas -incitados a relacionarse con tan peculiar entorno expositivo- hallan un nuevo desafío conceptual y estético.

Fotografías: Cartel exposición, Fachada Kiss Club, Entrada al prostíbulo con instalación de David Latorre, Instalación de David Latorre, Proyección Achero Mañas, Paraisos Artificiales, 1997; Fotograma Achero Mañas, Paraísos Artificiales, 1997: Ana Belén Jarrín de la serie Bajo influencia, 2008-09; detalle Ana Belén jarrín, de la serie Bajo influencia 2008-09; detalle dibujo Queralt Lencinas, falda 2,  2006; detalle Alejandro Stock, Menina enamorada, 2001. 

Nota de prensa

BÁRBOLA